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Mostrando las entradas etiquetadas como Ezra Pound

Ezra Pound - Catay (4)

SUREÑOS EN UNA TIERRA GÉLIDA El caballo de Dai relincha contra el helado viento de Etsu, en el norte, los pájaros de Etsu no sienten amor por En, la emoción nace de la costumbre. Ayer partimos del pórtico de la Oca Salvaje, hoy desde la Pluma del Dragón. Sorprendidos. Torbellino del desierto. Sol marino. Copos de nieve turban el cielo de los bárbaros. Enjambres de piojos, como hormigas, cubren nuestros vestidos. Mente y espíritu sustentan banderas imperiales. Una dura batalla no ofrece recompensas. La lealtad es difícil de explicar. ¿Quién se lamentará por el General Rishogu,           el de pies alados, cuya cabeza cana está perdida para esta provincia? POEMA SENNIN POR KAKUHAKU Los martín-pescadores rojos y verdes           destellan entre las orquídeas y el trébol, un pájaro vierte su fulgor en otro. Verdes pámpanos cuelgan a través del alto bosque, tejen un gran techo para la montaña, el hombre solitario se...

Ezra Pound - Catay (3)

LAMENTO DEL GUARDIA DE FRONTERAS ¡En la Puerta del Norte sopla el viento, cargado de arena, solitario hasta hoy desde el principio de los tiempos! Caen árboles, la hierba amarillea en el otoño. Subo torre tras torre                  para otear la tierra de los bárbaros: desolado castillo, cielo, vastedad del desierto. No le ha quedado un muro en pie a este pueblo. Huesos que han blanqueado mil rocíos, altos montículos cubiertos de árboles y hierba. ¿Quién hizo que esto desapareciera? ¿Quién atrajo la encendida cólera imperial? ¿Quién atrajo a este ejército con tambores y timbales? Los reyes bárbaros. Una graciosa primavera convertida en otoño ávido de sangre, un tumulto de guerreros esparcidos por el Reino del Centro, trescientos sesenta mil, y dolor, dolor como lluvia. Dolores al ir, y dolor, dolor al volver. Desolados, desolados campos, y sin niños huérfanos en ellos, sin hombres ya para ataque y defensa. ¡Ah!, si pud...

Ezra Pound - Catay (2)

LA ESPOSA DEL MERCADER DEL RÍO: UNA CARTA Cuando aún llevaba el pelo cortado al flequillo jugaba delante del portón, cogiendo flores. Tú llegaste sobre zancos de bambú, jugando a caballitos y diste vueltas a mi silla, jugando con ciruelas azules. Y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan: dos personitas, sin aversiones ni malicia. A los catorce me casé contigo, mi Señor. Nunca reía, por mi timidez. Bajaba la cabeza y miraba a la pared. Aunque me llamaran mil veces, nunca miraba atrás. A los quince, dejé de fruncir el ceño, deseaba que mis cenizas se mezclaran con las tuyas para siempre jamás ¿Para qué tenía que subir al mirador? A los dieciséis, te marchaste, fuiste hasta la lejana Ku-to-yen, por el río de hondos remolinos, y te quedaste fuera cinco meses. Los monos, en lo alto, lanzaban quejas de dolor. Arrastrabas los pies cuando te fuiste. Frente a la puerta, ahora, crece el musgo, los diferentes musgos, ¡demasiado arraigados para poder quitarlos! Las hoja...

Ezra Pound - Catay (1)

CATHAY  1915 La mayor parte procede del chino de Rihaku (Li Po), de las notas del difunto Ernest Fenollosa y de las interpretaciones de los profesores Mori y Ariga.  CANCIÓN DE LOS ARQUEROS DE SHU Aquí estamos, recolectando los primeros brotes de los helechos y diciendo: ¿cuándo volveremos a nuestra patria? Aquí estamos porque tenemos a los Ken-nin como enemigos, no paramos un momento por culpa de esos mongoles. Hemos agotado los tiernos brotes de helecho; cuando alguien habla de volver, los otros se acongojan. Ánimos apenados, el pesar es hondo, tenemos hambre y sed. Nuestras defensas no son seguras, nadie puede dejar que regrese su amigo. Agotamos los viejos tallos de helecho. Decimos: ¿nos dejarán volver en octubre? No hay sosiego para los asuntos del reino, no paramos un momento. Nuestro pesar es amargo, pero no querríamos regresar a la patria. ¿Qué flores se han abierto? ¿De quién es esa carroza? Del General. Los caballos, incluso sus caball...

Mr. Nixon, de Ezra Pound

En el fastuoso camarote de su yate de vapor Mr. Nixon me aconsejó amablemente avanzar con menos peligros de retraso. "Plantéese en serio el hacer críticas. Yo era tan pobre como usted; cuando empecé me dieron, desde luego, adelantos de derechos, cincuenta la primera vez", dijo Mr. Nixon; "Hágame caso y consiga una columna, aunque tenga que trabajar sin cobrar. Críticas cobistas. De cincuenta a trescientos subí en un año y medio; el hueso más duro que tuve que roer fue el Dr. Dundas. Nunca mencioné a nadie sino con la intención de vender mis propias obras. Le doy un buen consejo, pues la literatura no le da a nadie una sinecura. Y nadie reconoce, a simple vista, una obra maestra. Y deje el verso, muchacho, que de él no se saca nada." ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Lo mismo me advirtió una vez un amigo de Blougram: no des coces contra el aguijón, admite opiniones. Los de "los noventa" intentaron ese m...

Varios poemas de Ezra Pound

TEMPORA ¡Io! ¡Io! ¡Tamuz! La dríada se yergue en mi patio con plañideros gritos quejumbrosos. (¡Tamuz! ¡Io! ¡Io!) Oh, no, ella no grita "Tamuz". Dice: "¿Podrían estar impresos mis poemas esta semana? El dios Pan teme preguntarte, ¿podrían estar impresos mis poemas esta semana?" EN PAGANI, EL 8 DE NOVIEMBRE De pronto descubro en los ojos de la muy hermosa            fulana normanda los ojos del muy docto auxiliar del Museo Británico. PAN HA MUERTO "Pan ha muerto. El gran Pan ha muerto. Inclinad todas la cabeza, oh doncellas,  y tejed para él una guirnalda." "No hay verano en las hojas, y están secos los setos; ¿como vamos a tejer una guirnalda o a reunir ofrendas florales?" Permitidme, señoras, que no hable. La muerte fue siempre un patán. Permitidme, señoras, que no hable. ¿Cómo podría él darnos una razón para haberse llevado a nuestro Señor en estación tan despojada?" Ezra Pound. "Personae. Los...