viernes, 19 de abril de 2013

Algunos poemas de Cavafis




LA CIUDAD

Dijiste: «Iré a otra tierra, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de haber mejor que esta.
Cada esfuerzo mio es una condena dictada;
y mi corazón está —como un muerto— enterrado.
¿Hasta cuándo estará mi alma en este marasmo?
Adonde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire
veo aquí las negras ruinas de mi vida,
donde pasé tantos años que arruiné y perdí.»
No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas
calles. Y en los mismos barrios te harás viejo;
y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra —no lo esperes—
no tienes barco, no hay camino.
Como arruinaste aquí tu vida,
en este pequeño rincón, así
en toda la tierra la echaste a perder.



LA SATRAPIA

¡Qué lástima! Cuando estás hecho
para las hermosas y grandes hazañas,
este injusto destino tuyo siempre
te niega el estímulo y el triunfo.
Son tus obstáculos las viles costumbres,
mezquindades y desidias.
Y qué horrible el día que cedes
(el día en que te rindes y cedes),
y te pones en camino para Susa
y te acoges al soberano Artajerjes,
que magnánimo te acepta en su palacio
y te ofrece satrapías y honores semejantes.
Y tú aceptas escéptico
eso que no ansias.
Busca tu alma otras cosas, por otras llora;
el aplauso del Pueblo y los Sofistas,
los difíciles e inestimables bravos;
el Agora, el Teatro, las Coronas.
Cómo esto va a darte Artajerjes,
cómo esto vas a encontrar en la satrapía;
y qué vida sin esto vas a hacer.



MONOTONIA

A un día monótono sigue
otro monótono, idéntico. Ocurrirá
lo mismo, de nuevo volverá a ocurrir—
instantes iguales nos encuentran y nos dejan.
Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene, cualquiera fácilmente lo adivina:
es aquella pesadez del ayer,
y en mañana se convierte cuando no parece ya un mañana.



ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues —¡con qué placer y alegría!—
a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

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Cavafis. Poemas extraídos de "C.P. Cavafis. Poesía completa". Ed. Alianza Tres. Traducción del griego por Pedro Bádenas de la Peña. 1982.




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